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El ajo, un ingrediente clave de la dieta mediterránea, es una planta medicinal que todos deberíamos usar y conocer. Sus propiedades están basadas sobre todo en la gran cantidad de azufre que contiene, además tiene calcio, fósforo, hierro, sodio, potasio, vitaminas A, B, C y Nicotinamida.

Los egipcios y los vikingos lo consideraban un alimento mágico por sus magníficas propiedades curativas.

Tan preciado era el ajo que con 7 kg. se podía comprar un esclavo adulto sano. Durante la construcción faraónica de la gran pirámide, la dieta de los esclavos consistía básicamente en ajo, y cuando éste escaseaba se producían importantes retrasos en las obras.

Dichas propiedades son muy numerosas, por ello vamos a señalar las más relevantes y científicamente demostradas.

  • Combate el estrés.
  • Mejora las defensas del organismo.
  • Actúa eficazmente contra la diabetes.
  • Protege de infecciones.
  • Reduce rápidamente el colesterol.
  • Produce un efecto rejuvenecedor en las células.
  • Es un excelente antibiótico, bactericida y antivírico.
  • Es afrodisíaco y aumenta el apetito sexual tanto en hombres como en mujeres.

Aplicado externamente es muy útil contra las verrugas, hongos, herpes, caspa,... Es un perfecto cicatrizante si se fríe con aceite de coco y se unta en la herida.

El olor a ajo se neutraliza con agua muy fría, o bien con una solución de agua y vinagre o jugo de limón. También es muy eficaz masticar una ramita de perejil. La dosis diaria recomendada es de un diente al día por persona.